miércoles, 30 de julio de 2014

UNA EMOCIÓN PARA DOS CUERPOS...

El bebé y su mamá siguen fusionados en el mundo emocional. Este recién nacido, salido de las entrañas físicas y espirituales de su madre, forma parte aún del entorno emocional en el que está  sumergido. Al no haber comenzado todavía el desarrollo del intelecto, conserva sus capacidades intuitivas, telepáticas, sutiles, que están absolutamente conectadas con el alma de su mamá. Por lo tanto, este bebé se constituye en el sistema de representación del alma de la mamá. Dicho de otro modo, todo lo que la mamá siente, lo que recuerda, lo que la preocupa, lo que rechaza... el bebé lo vive como propio. Porque en este sentido son dos seres en uno.

La mamá atraviesa este período “desdoblada” en el campo emocional, ya que su alma se manifiesta tanto en su propio cuerpo como en el cuerpo del bebé. Y lo más increíble es que el bebé siente como propio todo lo que siente su mamá, sobre todo lo que ella no puede reconocer, lo que no reside en su conciencia, lo que ha relegado a la sombra.

Utilizar las manifestaciones del bebé como reflejo de la propia sombra es una posibilidad entre otras para el crecimiento espiritual de cada madre. En este sentido, el bebé es una oportunidad más. Es la posibilidad de reconocernos, de centrarnos en nuestro eje, de hacernos preguntas fundamentales. De no mentirnos más e iniciar un camino de superación. El bebé se constituye en maestro, en guía, gracias a su magnífica sensibilidad y también gracias a su estado fusional con la madre. Siendo tan puro e inocente, no tiene aún la decisión consciente de relegar a la sombra los aspectos que todo adulto decente despreciaría. Por eso manifiesta sin tapujos todo sentimiento que no es presentable en sociedad. Lo que desearíamos olvidar. Lo que pertenece al pasado. El bebé se convierte en espejo cristalino de nuestros aspectos más ocultos. Por eso el contacto profundo con un bebé debería ser un período para aprovechar al máximo.

Extracto de "La maternidad y el encuentro con la propia sombra". 
Laura Gutman



domingo, 27 de julio de 2014

Recién dado a luz este blog...

Recién dado a luz este blog, comenzaré con una de las reflexiones más profundas de mi alma, realizada hace nueve meses, días después de dar a luz a mi segunda hija...

“Días después de haber dado a luz, dejo salir mis fantasmas en un acto de transmutación, sin la intención de ser víctima o heroína, simplemente muestro en palabras el efecto alquímico que el parto ha tenido en mi alma.

En estos días me preguntaba por qué el parto de mi segunda hija fue así, pero la pregunta acertada fue ¿para qué?, pues la respuesta clave no es una causa (por qué), sino una finalidad (para qué).

Cada parto es un mundo que remueve el universo interior... En mi primer parto, tuve que conectarme con la incertidumbre de lo desconocido, descender a las sombras para elevarme hacia la TEMPLANZA de mi Ser, para así descubrirla y descubrirme.

En mi segundo parto, sin duda la conexión fue con el dolor. No solo el dolor físico, sino a todos los niveles, pues el desgaste mental, emocional y físico de un parto largo abre heridas... pero como dijo Rumi "la herida es el lugar por donde entra la luz".

A ese restrictor que de por vida me ha acompañado, a ese "yo no puedo" le miré de frente en ese parto, y en ese descenso al dolor me elevé a la FORTALEZA de mi Ser, para descubrirla y descubrirme.

Y así fueron los partos físicos de mis hijas que me han permitido parirme a mi misma.

Pero tras el parto se revive otra herida, en esa separación de la madre y el bebé uno revive la separación con la Fuente... el alma parece quedar huérfana y el cuerpo vacío.

La tan idealizada maternidad tiene ciertamente su cara dulce, el amor inmenso hacia un hijo. Pero también su cara amarga donde no reconoces el cuerpo (ahora vacío), las emociones (ahora revueltas), ni los pensamientos (ahora dubitativos).

Y así es la alquimia de un parto donde la madre cree dar vida a un hijo, pero es el hijo el que da vida a la madre, una vida transformada."

Ana Belén Ludeña