Cuantas veces siendo niños nos sentíamos seguros, amados, como en "casa" en el regazo de nuestra madre, envueltos por sus latidos. Un sentir parecido se nos despierta a muchos cuando miramos las estrellas... percibir la Tierra como una casa de alquiler, tener un inmenso sentimiento de soledad que se consuela mirando el firmamento durante la noche, calmando así el anhelo de encontrar la seguridad, el amor y el sentimiento de estar cerca del Hogar con los latidos de cada estrella, del mismo modo que nos sentíamos envueltos de pequeños con los latidos de nuestra madre.
Si ese es tu sentir, estás abriendo la puerta de tu Origen... más allá del origen físico que te da la familia carnal, del origen terrenal que te da el lugar donde naces, del origen cuantitativo que te da la fecha de nacimiento, existe un origen estelar.
El físico Nassim Haramein explica que "somos polvo de estrellas. Literalmente… El ser humano promedio tiene aproximadamente 100 trillones de células y cada célula es de aproximadamente 100 trillones de átomos, cada uno de los cuales fueron creados originalmente en el centro de una estrella. Los átomos que están en tus manos puedan haber creado en una estrella diferente que los átomos en los pies, así que por definición, somos seres galácticos porque las estructuras muy que conforman nuestros cuerpos vienen de toda la galaxia".
En definitiva, somos polvo de estrellas encarnados en un cuerpo que nace a través de un canal físico, nuestra madre biológica. Sin embargo, como hijos de las estrellas que somos, también tenemos una familia estelar, un padre y una madre galácticos... Una noche soñé con mi padre estelar, me fue revelado su nombre y también mi nombre real, así como los acuerdos que se crean entre los padres estelares y los padres biológicos, pues por algo elegimos antes de encarnar a quienes serán nuestros padres en la Tierra. Fue un sueño muy especial, con un sentir indescriptible. Sentirme en casa, en mi anhelado Hogar.
Convertirme en madre me hizo honrar aún más a mis padres, sabedora de por qué y para qué los elegí me hace amarles aún más si cabe... honrarles a ellos, es honrar el acuerdo de mi Origen, de mi misión, de mi vida. Mirar a mis hijas me conecta con las estrellas sin necesidad de observar el firmamento, son semillas estelares puras que me inspiraron a crear este poema:
"Polvo de estrellas en vientres engendrados,
Almas paridas por Diosas aladas.
Universos encontrados…
Semillas estelares.
Frutos de amor sagrado.
Hijos de la estrellas en la Tierra encarnados".
Ana Belén Ludeña
Hijos de la estrellas en la Tierra encarnados".
Ana Belén Ludeña


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